Marilo Carral


Local 9A
cel (415) 101 1089.
www.marilocarral.com

galeria

Marilo Carral's art can be best described as Neo-Impressionism; her Fauvist use of color palette used throughout Mexico, with her quick deft brush strokes, brings a body of work of pure joy. Exact naturalistic representation is not the goal of Carral's ambitious paintings. What she usually achieves is a dramatic, brilliantly colored and idealized interpretation of very picturesque settings.

The magic of her particular vision is perhaps best described as lyrical. She does not first draw her subject matter with pencil or charcoal onto the canvas, but instead attacks the canvas directly with brush and paint. It is her uncanny combination and use of color which develops its pictorial potential.

Very cultured and well traveled, Carral is concerned with the conflict between the color components of a painting and natural representation and this has lead her to attempt to convey not so much the subject itself, but a transfiguration based on a concordance of lines and harmony of color. This approach perhaps derives from the legacy of the French impressionists which has helped to formulate her oeuvre.

The paintings in this exhibition deal with an alchemistic approach to combining colors and therefore the still lifes with flowers are one of the prevailing subjects with the variety of landscapes and captures the color diversity of the fields and valleys at the foot of the Picacho and Sierra Gorda mountain chains of Central México.

Most recently, Carral has concentrated more on the landscape, moving ever closer to a more monochromatic palette and thus injecting a certain mystery which was absent from earlier works; where the former flowers and landscapes sung aloud with spontaneity and joy, these new, more mysterious landscapes are romantically quiet and yet, sensuous and exciting, as the pause before a happening, and somehow denote great maturity in the artist's trajectory.
-- Margaret Failoni, San Miguel de Allende, April 25, 2009

La obra de Carral nos revela un mundo pictórico en el que figura y la abstracción se funden a través de la fuerza expresiva del color. La presente selección de su trabajo muestra la versatilidad de una artista que transita del bodegón a lo abstracto y de ahí al paisaje sin nunca dejar de ser ella misma. Mariló ha logrado crear un lenguaje propio, más allá de los estilos, que refleja la intensidad de su espíritu, a un tiempo lúcido y profundo siempre alerta ante el fluir de la naturaleza. Carral no se permite pausas; una vez que ha encontrado una solución deslumbrante sigue explorando. Esta nueva exposición aclara este mecanismo de constante inovación y definte la escencia de su trabajo. Existe a partir de otros mundos, de otras vidas. Es testimonio de una mirada que se desplaza sin cesar, que avanza, regresa, encuetra tierras virgenes, profundiza, se expande, como si estuviera atraída por algo más elevado y más vasto.

Parte de la figura y juega con ella, la abstrae hasta transformarla en algo más: los pétalos de sus flores se convierten en nuevos espacios dotados de independencia y de vida propia. A través de la observación surgen nuevos universos en los que el artista penetra: de una hoja construye las capas geológicas de un pasage. En otras ocasiones descubre, en elementos totalmente abstractos, la figura: fragmentos de mosaicos que se desdoblan en aves, escarabajos y otros insectos. Los colores y los elementos que conforman sus espacios; las montañas, los árboles, las barrancas, que componen sus paisajes, existen entre la fantasía y la memoria y enfatizan la energía de su trabajo: su libertad absoluta. Mas que buscar una postura, un discurso, la obra de Mariló es la consecuencia de sus propios juegos pictóricos. Sus metamofosis muestran cómo las formas encierran su propia lógica, inagotable, ilimitada, no tan diferente a la de cualquier organismo. Carral descubre y juega con estas masas-personajes que emergen y se desvancen. Parecería que ellas mismas dejan pistas en su afán de ser aprehendidas, pero no definidas ya que sería limitarlas. La danza debe continuar. Así, Carral sugiere territorios, inventas pedasos de tiempo, delinea posibles secuencias de donde se enlazan historias. Toca al espectador, establece estas u otras relaciones para que en ellas se consuma la obra.
-- Paloma Porraz Fraser, Coordinadora Ejecutiva del Antiguo Colegio de San Idelfonso, CONACULTA/INBA


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